Desde la más remota antigüedad, la rosa es el símbolo del amor cuya esencia es “dar” tal y como lo expresan las Palabras: “Dat rosa mel apibus”. La rosa tiene sus pétalos muy abiertos y las abejas que van y vienen extraen de su corazón el preciado néctar.
Ellas construyen panales en sus colmenas, las vemos cerca de los rosales, colmenas de oro en las cuales almacenan el jugo meloso. Las abejas no buscan el néctar para ellas mismas, lo transforman en miel, alimento y materia de construcción para muchos.
El amor crece al darlo, lo opuesto es: la araña que teje su tela para atrapar y vampirizar todo lo que se enreda en sus hilos sólo para su propio beneficio.
La rosa es el símbolo del amor más sublime. Cristo es la rosa de las rosas que da su sangre y que se abre en el corazón de la cruz, en la encrucijada de los caminos donde Dios y el ser humano se encuentran. A semejanza de la rosa que ofrece néctar a las abejas, Cristo ofrece la sangre de su corazón a todos los seres humanos; libera para todos y en todos el poder del amor. Al menos así debería ser el propósito de ese simbolismo lleno de sentidos y significados respecto al Jesús-Osiris-Dioniso meditarráneos convertidos en Cristo.

Fuente: Revista Pentragrama nº 2 2015 (Marzo-Abril)
https://www.rosacruzaurea.org/revista-pentagrama-2-2015/ -Correcciones realizadas por éste servidor para el post.