Nosotros no somos físicamente conscientes de todas las funciones rítmicas que se desenvuelven en nuestro cuerpo y por medio de las cuales están dirigidos y controlados los órganos de nuestro cuerpo. No somos físicamente conscientes de la acción periódica del píloro, que ayuda en el importante proceso de la digestión. Tampoco somos conscientes de la acción armoniosa que se desarrolla en los pulmones cuando la sangre se vitaliza con las altas vibraciones de la Esencia Divina que respiramos, que podemos asimilar a los conceptos de Prana (hindú) y de Chi (chino). No somos conscientes de los movimientos peristálticos de nuestro cuerpo. Ignoramos el control Divino que regula y dirige las acciones de cada glóbulo de sangre al dar su vitalidad en los lugares necesarios de nuestro sistema circulatorio. Estamos inconscientes de lo que hace que nuestra mano se mueva apropiadamente al escribir palabras con un lápiz, cuando simplemente pensamos en ellas, y tampoco nos damos cuenta de cómo se hace ésto. Mucho menos nos damos cuenta de que somos capullos de energía, que la ENERGÍA fluye a través de un sistema tipo red que envuelve nuestro cuerpo. Podemos apreciar que hay otra forma de consciencia en nuestros cuerpos, superior y más sutil, en las concepciones de la Ayurveda (hindú) y de la Medicina tradicional china, en la homeopatía, la alquímia, en las tradiciones de los sanadores andinos y amazónicos, pero ésta consciencia no es física, ni material.