Quien quiera que desee operar en el misterioso universo de la magia natural realizando ceremonias, ritos, unciones, curaciones espirituales, despojos, etc, deberá comenzar a rezar piadosamente a Dios Padre único (Baba/Abba), al Verbo creador, conservador y salvador, para hacer una unidad digna de su clemencia, puro y limpio interna y externamente… Respecto a ésto dice en el Levítico: Todo hombre que se acerque a cosas consagradas, si está inmundo, perecerá en presencia del Señor. Por ello habrá que lavarse a menudo (un baño completo, diario y varios «medio baños» antes de las comidas o antes de meditar). Guardarse de toda suciedad, polución o lascivia (guardarse del amor sin Amor, de la lujuria desprovista de Amor, es decir, del deseo descendente y no ascendente, de lo sucio y vano, del sexo como sendero a lo finito y no a lo infinito). No se deberían tocar cosas inmundas o muertas, cuando la operación no está enmarcada en la magia negra sino en el triángulo luminoso que irradia a todas partes acorde a la magia blanca. El hedor fúnebre que lleva a la necromancia nunca podrá remitirnos a los suaves perfumes de los influjos divinos…