Para propiciar los buenos influjos en una ceremonia religiosa e igualmente, en una operación mágica, habrá que lavarse, ungirse, fumigarse y ofrecerse en sacrificio, pues el Gran Espíritu, el Logos, el Padre anciano de los días toma en aroma muy suave lo que hace en su honor un hombre purificado y dispuesto, y recibe, junto con el incienso, su oración [y gestos simbólicos], la oblación asciende a Él, como lo canta el Salmista: «Que mi oración ascienda hacia ti, Señor, como el incienso que arde en tu presencia». El humo y la unción de los perfumes, el tabaco, la mirra, el azufre, la pólvora, el incienso, lo penetran todo, y abren las puertas de los elementos y los cielos a fin de que el hombre pueda conocer o entrever los secretos del Creador, o apenas atestiguar, como lo haría una hormiga, el tamaño de la montaña que habita…
Los espíritus se atraen mediante fuerzas ultranaturales y celestes, mediante las cosas que exitan la armonía del alma, tanto imaginativa como racional, o sea,  con voces, cantos, sones, conjuros, encantamientos, plegarias, exorcismos y todas las demás cosas sagradas.
Cómo hacer que acudan, aparezcan, comparezcan los espíritus que ocupan cuerpos…